Precariedad, violencia y discriminación: el día a día de las y los repartidores

«Después vino el descaro de Uber. Para otorgarnos una mascarilla que nos protegía contra el virus, la app nos mandó una cláusula que decía: ‘al aceptar esta mascarilla reconoces que no existe ninguna relación laboral entre tú como repartidor y nosotros Uber Eats’”. 

Saúl Gómez Piña, vocero y fundador del colectivo “Ni un Repartidor Menos” ha sido trabajador de apps de delivery como Uber Eats, Rappi, Sin Delantal y Cornershop desde hace cinco años. 

En entrevista para Bendito Coraje, Saúl detalla las injusticias e irregularidades a las que se enfrentan las y los repartidores diariamente. Desde la modalidad de trabajo altamente precarizada, la inestabilidad de los ingresos, largas jornadas de trabajo, ausencia de protección sociolaboral, falta de opciones de diálogo, hasta los accidentes de tránsito, el acoso y violencia sexual y la discriminación. 

El fundador del colectivo explica que desde que decides trabajar para las aplicaciones como repartidor o repartidora, tienes que conseguir la mochila y toda la indumentaria: “casco, luces, chamarras reflejantes, todo lo que te mantenga seguro; todo esto es una inversión que nadie te retribuye”.

Además, asegura que con el inicio de la pandemia, muchas personas comenzaron a trabajar como repartidores por lo que las condiciones laborales de todas y todos los empleados de las plataformas se han precarizado aún más. 

“Muchas personas se quedaron sin empleo por la pandemia y esto es lo más rápido, las deudas no esperan y el hambre menos”. 

Sin derechos

Las y los empleados de apps de delivery no son reconocidos como trabajadores; las plataformas llaman a sus repartidores “colaboradores” o “socios” para evadir sus responsabilidades como empresa. 

Aunque en años anteriores apps como Uber, Rappi y DiDi contrataron seguros de accidentes para sus empleados, estos solo cubren gastos menores como raspaduras, golpes medios y cortadas. 

“Somos sus socios sin voz ni voto o sus usuarios asalariados, esto significa que no tenemos ningún tipo de relación laboral por lo que si a mí me pasa algo cuando yo no tenga un pedido, no hay nadie que responda por mí y si es cuando tengo pedido solo hay un seguro para gastos menores”.

Aunado a esto, Saúl explica que si el o la repartidora llegara a sufrir alguna mutilación o se requiriera una operación, “los gastos corren por tu cuenta y después tenemos que ir con ellos para ver si nuestro accidente entra en términos y condiciones y nos pueden reembolsar el dinero”. 

Salarios

Respecto al método de pago, el vocero del colectivo apuntó que las y los repartidores cobran su sueldo semanalmente dependiendo el número de pedidos que hagan, y hay una tarifa mínima. 

“Tenemos unas distancias mínimas de kilometraje y de ahí va el pago; el mínimo es de 18 pesos, el más o menos bueno es de 30 pesos y las apps lo van variando. Hay otras como Uber que te dicen: ‘lo que ganes de este pedido por 1.3’. Entonces ya son 45 pesos, 55 pesos; pero como hay una retención automática de impuestos nos quitan el 2% de los pedidos y ahí se fue el 1.3. Además, si no tienes tus sellos, la app te hace una retención mensual del 30% de todas tus ganancias”. 

A pesar de que son un sector clave, el trabajo de las y los repartidores es invisibilizado por el sistema “laboral” que han implementado las aplicaciones. Las compañías por el contrario, se enriquecen a costa de dicho sistema de explotación, en palabras de Saúl, “las plataformas nunca pierden”. 

«Antes y durante la pandemia las aplicaciones no perdieron, siguieron con las ganancias exorbitantes. Con nosotros es todo lo contrario, las empresas juegan con nosotros porque saben que necesitamos el dinero. A nosotros nos rentan las apps para trabajar, le cobran al restaurante por estar en la plataforma y le cobran al usuario por usarla. La app gana por tres lados y nosotros solo por uno. Aún tienen el descaro de dar informes anuales y decir: ‘nosotros Uber estamos a la cabeza como la mejor empresa que ha sobrevivido a la pandemia’. ¿Y los repartidores que han fallecido por entregar un pedido dónde quedan? Es detestable esa postura. Pero nosotros tenemos que seguir luchando contra eso». 

El fundador de “Ni un Repartidor Menos”, expresa que, si bien las apps tienen miles de restaurantes afiliados y estos reciben cientos de pedidos, sin el factor repartidor “no son nada. Invisibilizar nuestro trabajo de esta manera es muy triste”. 

COVID-19  

Con la llegada de la pandemia por COVID-19, las condiciones laborales de las y los repartidores se han precarizado aún más. Saúl explica que durante los primeros meses de la emergencia sanitaria prácticamente ninguna empresa de delivery se preocupaba por la integridad de sus trabajadores. 

La extinta Sin Delantal, afirma Saúl, “fue la única app que le regaló cubrebocas y gel antibacterial sin ningún pretexto a las y los compañeros”.  

Ante este escenario, detalló que las y los miembros de “Ni un Repartidor Menos” se unieron con el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) y la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) para regalar cubrebocas, gel antibacterial y se encargaron de sanitizar las mochilas “porque queríamos que nuestros compañeros estuvieran seguros”. 

«Después vino el descaro de Uber. Para otorgarnos una mascarilla que nos protegía contra el virus, la app nos mandó una cláusula que decía: ‘al aceptar esta mascarilla tú reconoces que no existe ninguna relación laboral entre tú como repartidor y nosotros Uber Eats’”. 

Con el paso de los meses, el vocero del colectivo explicó que las aplicaciones se fueron sumando poco a poco. Rappi, por ejemplo, regaló unos kits que incluían guantes, cubrebocas y gel antibacterial. Por otro lado, aseguró que DiDi continúa repartiendo kits de protección que consiste en una caja de guantes, una de cubrebocas y un litro de alcohol en gel. 

Acoso sexual y violencia

El acoso sexual y la violencia de género son conductas a las que se enfrentan las repartidoras en muchas de las entregas que realizan. Otra señal de alerta de las aplicaciones radica en este punto. Saúl revela que en diversas ocasiones, las plataformas han desactivado a las mujeres que denuncian acoso o violencia

“Hace año y medio, una compañera repartidora fue secuestrada durante una semana pero pudo salir y tuvo la oportunidad de contarlo. Otro caso, por ejemplo, sucedió hace cuatro meses; una chica fue a entregar y cuando llega, el sujeto (cliente) le agarró la mano, la puñeteó en la cara y la metió a su departamento para abusar sexualmente de ella, la compañera como pudo se defendió y salió del lugar”.

En suma, algunas plataformas no protegen los datos de sus repartidores lo que facilita que los clientes puedan invadir su privacidad, de ahí que muchas mujeres hayan sido acosadas por llamadas y mensajes. 

Por otro lado, las y los repartidores son un sector muy vulnerable a ser asaltado con violencia y se exponen a accidentes de tránsito. Sobre esto último, Saúl agrega: “buscamos seguridad vial para todas y todos. 44 compañeros han muerto de marzo de 2020 al día de hoy, compañeros que iban a entregar un pedido y ya no pudieron regresar a casa”. 

Discriminación

Repartidores y repartidoras lidian diariamente con un escenario de violencia, acoso y discriminación. En entrevista, Saúl explicó que durante los primeros meses de la pandemia, los restaurantes tenían un trato amable con ellos, sin embargo, cuando se cambió por primera vez el color del semáforo epidemiológico (de rojo a naranja), regresaron los malos tratos y la discriminación.

“Hay restaurantes que no nos dejaban ni pasar al baño porque solo eran para clientes, o nos pasan los pedidos por el área de basura con tal de que no ingresemos por la puerta principal. En algunas plazas comerciales tampoco te dejan pasar con la mochila porque dicen que das mala imagen. Lo peor es que cuando quieres ir como un usuario a estos lugares para pasar a comprarte ropa o pagar el plan de tu celular, no te dejan, nos discriminan por ser repartidores”, denunció.

En este sentido, Saúl dijo que las aplicaciones tienen que intervenir para que cesen estas actitudes por parte de las plazas y restaurantes.  

“Ni un Repartidor Menos”: organización y redes de apoyo

Sobre el colectivo, Saúl Gómez refiere que “Ni un Repartidor Menos” le apuesta a un esquema tripartita, “en el que gobierno, aplicaciones y repartidores tengamos que participar. Buscamos la no violencia y no acoso contra compañeras y compañeros”. 

Además, señala que 23 personas son quienes conforman la estructura del colectivo, las cuales se encargan de atender las demandas, emergencias y necesidades de cientos de repartidores y repartidoras por medio de nueve grupos de WhatsApp —conformados por 256 integrantes cada uno—, y redes sociales.

“Nosotros tenemos una alianza con la SSC y podemos canalizar patrullas, ambulancias del ERUM, bomberos, patrulla de género a las y los compañeros que requieran este tipo de atenciones”.

Cabe destacar que en caso de fallecimiento, el colectivo les brinda a los familiares de la víctima el apoyo de un abogado para que pueda ayudarlos con las necesidades que tengan. 

Por otro lado, Saúl detalló que desde 2019, el colectivo trabaja con la ONG ‘Nosotrxs’, “con ellos creamos una mesa de diálogo en ese año donde llegó la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS), la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (PROFEDET), el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y funcionarios como la secretaria general de Morena, Citlalli Hernández y Martí Batres”. 

“Hemos tenido contacto con otras organizaciones como el Centro de Solidaridad, que fue quien nos brindó el acercamiento en julio de este año con la embajadora de Comercio estadounidense Katherine Tai, donde platicamos sobre la precariedad laboral presente en las apps”.

Además el colectivo forma parte de la alianza internacional Unidos World Action, en la cual se reúnen más de 30 grupos de distintos países para luchar por los derechos de las y los trabajadores de apps de delivery.

Respecto a las exigencias que tienen con las aplicaciones, el vocero del colectivo puntualizó que antes de presentar una denuncia o demandar a las plataformas, primero deben trabajar en un marco regulatorio. No obstante, cuentan con una mesa de trabajo con Rappi en la que canalizan los casos de las y los compañeros para que puedan solucionarse las problemáticas que se presentan. 

“Nosotros le apostamos al diálogo y a una regulación inteligente antes de irnos contra las apps, creemos mucho en que podemos construir algo bueno e innovador desde Latinoamérica para todas y todos los repartidores”. 

Saúl concluye que las y los repartidores se manifiestan con un objetivo claro: “nuevas formas de trabajo, nuevas formas de organizarnos”, y llaman a la sociedad a recordar que “en su pedido va nuestra vida”.

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