Enemigos de la memoria

enemigos

Casualmente, los que combaten la reforma eléctrica son los mismos que defienden las estatuas de Colón y Cortés, son los que hoy le harían un monumento a Iberdrola. De verdad les encanta la “hispanidad”, entregar a españoles los recursos y la soberanía de “Méjico” a cambio de ganarse un lugarcito en sus consejos de administración.

Por: Carlos Portillo

Los que dicen que no hay que escarbar en el pasado ni condenar la conquista —con su genocidio y saqueo correspondientes— son los que luego se meten al Palacio de Gobierno con biblia en mano y queman las banderas de los pueblos originarios. No es exageración, así ocurrió en Bolivia hace apenas dos noviembres; sí, en pleno siglo XXI.

En dicho país sudamericano había quienes también decían que el pasado ya pasó, que no hay que pelearse con él, que no hay nada que reivindicar. No revelaban que son racistas ni que les molestaba el empoderamiento indígena que vivía el país. Se pronunciaban orgullosos del mestizaje, del sincretismo, por lo menos hasta que hicieron su golpe de Estado para exponer, ahora sí, todo su odio, toda esa “hispanidad” que hoy elogian y que asesinó “indios” en Senkata y Sacaba, como hace 500 años.

“La biblia vuelve a entrar a Palacio, nunca más la Pachamama”, celebraron los golpistas bolivianos en la cumbre de su quiebre democrático. Por eso es normal que no les guste que se tumben estatuas de Colón o se le diga genocida a Cortés, por eso les incomoda que se nombre “resistencia indígena” en lugar de “descubrimiento” y “saqueo” en lugar de “civilización”.

Les molesta sobremanera que se remuevan ciertos capítulos de la historia, especialmente los que nos dan pistas sobre el presente, los que nos ayudan a dibujar un futuro que no repita los errores o traiciones del ayer. 

En México, por ejemplo, les abruma ver lo parecidos que son a ciertos personajes de antaño, les aterra que podamos reconocerlos en Cortés, en Santa Anna, en Huerta.

Pero esto no se queda solo en la disputa simbólica y semántica por el 12 de octubre, sino que atraviesa toda la batalla política del sexenio actual, incluyendo ahora, de forma más coyuntural, a la reforma eléctrica propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Casualmente, los que combaten dicha iniciativa son los mismos que defienden las estatuas de Colón y Cortés, son los que hoy le harían un monumento a Iberdrola. De verdad les encanta la “hispanidad”, entregar a españoles los recursos y la soberanía de “Méjico” a cambio de ganarse un lugarcito en sus consejos de administración, porque así se parecen un poco más a ellos y un poco menos a nosotros; en su presunto orgullo mestizo, se vuelven un poco más europeos y un poco menos indígenas.

La historia simplemente no está de su lado: así como los traidores de la patria se parecen bastante a ellos, los grandes referentes como Cárdenas o López Mateos los contradicen, les corrigen la plana, los arrinconan. Por si fuera poco, el pasado inmediato —protagonizado desde Salinas hasta Peña— tampoco les favorece en absoluto. La historia simplemente no está de su lado: los desarma, los evidencia. Por eso no les queda de otra mas que abogar por la amnesia, es decir, ser enemigos de la memoria.

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