“Almagro, haz lo tuyo”: las súplicas de la oposición

Almagro

Luego de haber demostrado su capacidad para desestabilizar y acompañar quiebres democráticos, Almagro ahora recibe a la oposición mexicana que pareciera rogarle para que repita en nuestro país lo que hizo con Bolivia en 2019; es decir, meter las manos en una elección para desconocer los resultados y generar caos.

Por: Carlos Portillo

La visita de los dirigentes del PRI, PAN y PRD a Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha vuelto a poner en evidencia lo desesperada que está la oposición ante su incapacidad de construir una narrativa política eficaz y su reciente fracaso electoral el pasado 6 de junio, a pesar de haber ido en alianza por primera vez de forma pública y oficial.

De esta manera, Alejandro Moreno, Marko Cortés y Jesús Zambrano han recurrido a buscar la intervención extranjera como su única opción, al igual que habrían hecho hace dos siglos los conservadores que querían derrocar al presidente Benito Juárez para imponer en su lugar a un emperador europeo.

A falta de liderazgos y cuadros políticos de trascendencia real, la oposición se refugia en referentes del siglo XIX que pasaron a la historia como enemigos de la patria, de la soberanía y de la voluntad popular.

Por si fuera poco, en un derroche de cinismo, acusan a la primera fuerza política del país (Morena) de utilizar los mismos “recursos” de los que ellos echaron mano históricamente para hacerse del poder, subestimando así la memoria del pueblo. 

Si alguien se ha amparado en el narco para torcer una elección, es bien sabido que se trata de quien puso a sus funcionarios al servicio del Cártel de Sinaloa a modo de agradecimiento, como fue el caso del exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, que hoy se encuentra detenido en EE.UU.

Luego de haber demostrado su capacidad para desestabilizar y acompañar quiebres democráticos, Almagro ahora recibe a la oposición mexicana que pareciera rogarle para que repita en nuestro país lo que hizo con Bolivia en 2019; es decir, meter las manos en una elección para desconocer los resultados y generar caos.

Además, resulta divertido que lo hagan dos meses después de realizados los comicios. Los fascistas bolivianos por lo menos estaban ya organizados con antelación y no tuvieron empacho en meterse al palacio de gobierno con Biblia en mano, además de sacar y quemar la bandera de los pueblos originarios. No guardaron las apariencias de forma tan absurda como quiere hacer la derecha mexicana y se mostraron ante el mundo sin máscaras, como lo que son.

Cabe recordar que Almagro y la OEA fueron partícipes del golpe de Estado en dicho país sudamericano, al presentar un informe con supuestas “irregularidades” en la elección presidencial, las cuales nunca fueron demostradas con pruebas y con el paso del tiempo han sido desmentidas por diversas instancias y organizaciones internacionales.

Ese quiebre constitucional, avalado por la OEA, le costó a las y los bolivianos las masacres de Senkata y Sacaba contra comunidades indígenas, efectuadas por el gobierno de facto que encabezó Jeanine Áñez, quien actualmente está detenida.

Sin embargo, la mejor manera de echar abajo la falsa versión de la OEA y los negacionistas fue que, al año siguiente, el partido de Evo Morales (MAS-IPSP) volvió a ganar las elecciones con más del 55% de los votos, demostrando que nunca hubo fraude y evidenciando el papel golpista e intervencionista de Almagro.

“Mi país denuncia el afán del secretario general de intervenir en los asuntos internos de nuestros Estados y de lastimar nuestras democracias. Lo que ocurrió con la OEA en Bolivia no debe repetirse jamás. Mientras usted siga al frente de la Organización, la sombra de lo sucedido en Bolivia estará siempre presente”, señaló en su momento el subsecretario para América Latina y el Caribe de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México, Maximiliano Reyes.

Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador propuso hace poco reemplazar a la OEA “por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador, a petición y aceptación de las partes en conflicto”, consiguiendo el respaldo de líderes como Alberto Fernández, presidente de Argentina; Luis Arce, presidente de Bolivia; y José Mujica, expresidente de Uruguay.

En cuanto a la súplica de los opositores para que Almagro intente revertir los resultados de la elección, López Obrador señaló que “están las puertas abiertas del país, no tenemos nada que ocultar. Que no se confunda, son otros tiempos; nosotros no establecemos relaciones de complicidad ni con la delincuencia organizada ni con la delincuencia de cuello blanco. No solo la OEA, la ONU, cualquier organismo que quiera venir a investigar, que vengan, ningún problema”.

También resulta importante mencionar que la Misión de Visitantes Extranjeros de la OEA, que estuvo en México durante la elección del 6 de junio, celebró que los comicios se realizaron “de manera exitosa”, incluso elogiando algunos aspectos como el principio de paridad de género.

En este sentido, Almagro parece que solo tiene dos opciones: hacerle caso a los dirigentes del PRIAN y, por tanto, contradecir a sus propios observadores internacionales, con lo que volvería a extralimitar sus funciones y el mandato de no intervención en los asuntos internos de los Estados; o abandonar a los opositores mexicanos en su ridículo, al fin que ya están acostumbrados.

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