Democracia e interés público

Por: Pablo Cervantes Méndez

Son tiempos de reflexión, de construcción de un nuevo sentido a conceptos con los que hemos convivido desde hace mucho tiempo, y que de tan ajenos y abstractos, poco a poco han perdido sentido y significado en nuestro vocabulario cotidiano; eso en caso de que alguna vez significaron, signifiquen o significaran algo para la mayoría de la población, sin importar su condición de clase social, política o económica.

En tiempos de conflictos «ideológicos» como los que aparentemente vivimos hoy, donde se defienden en lo cotidiano visiones personales y colectivas sobre cada decisión pública, ese conjunto de poblaciones e instituciones a las que en este espacio les hemos ido denominando «las derechas» salen hoy a la defensa de «la democracia» como una forma escondida y casi imperceptible para defender su status quo, pues es una apología de sus «privilegios». 

Me refiero en lo particular a lo que se llamado la defensa del Instituto Nacional Electoral (INE) (“El INE somos todos”, “Yo Defiendo al INE”, “No te metas con mi INE”) como una forma de defender una democracia perfecta en la que ya todas y todos vivimos y que está siendo amenazada, poniendo en duda la viabilidad del artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Lamentablemente, pareciera que se reduce la concepción de la “democracia” al establecimiento y mantenimiento de una única institución encargada de promoverla, resguardarla, defenderla y hacerla posible: el INE, como si su mera existencia supusiera per se la existencia no sólo formal de la democracia. Por lo que cualquier posible modificación a dicha institución signifique por sí sola una afrenta a la vida democrática y a todos los principios democráticos. El principal argumento que se ha esbozado considera que si Andrés Manuel López Obrador alcanzó su propósito de ser electo Presidente de los Estados Unidos Mexicanos es justamente por la participación del INE, su confiabilidad y su operatividad. «Sin el INE, AMLO no hubiera podido ser presidente». Qué aventurado el argumentar ello dando cuenta que los detractores de AMLO y hoy defensores del INE están tan habituados a la trampa, que solo la existencia del INE evitó el fraude que hubieran deseado.

Quisiera dejar en claro que la democracia como una convención social, desde mi perspectiva, considera más elementos que los meramente electorales, y por supuesto rechazaría la premisa que la voluntad de un solo hombre pueda controlar y definir la de millones de personas. En este sentido me parece cuando menos aventuradas las argumentaciones usuales esgrimidas en contra del Lic. López Obrador (López a secas para las “derechas”) que lo pintan como una persona cuyos poderes autárquicos son, cuando menos, dignos de un personaje de ciencia ficción: un malvado emperador del lado oscuro de la fuerza de hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana o de un ojo que todo lo ve y que cuenta con un anillo maestro que puede controlar a todos y a todo con su mera voluntad y maldad.

Me gustaría señalar que si en algo las “derechas” están fallando, es justamente en centralizar en la persona de AMLO todos los males posibles que existen en nuestra imperfecta cotidianidad. Si de inicio, el debate se centrara no en una persona sino en aquello que bien podríamos denominar el «interés público», el avance de una crítica más profunda podría generar un proceso más interesante de debate. El pequeño problema que observo hasta el día de hoy, es que son justamente las derechas las principales interesadas en que los temas de «interés público» no sean abordados. Fundamentalmente por la falta aplomo para intentar defender sus intereses privados a la luz de lo que el interés público significa para la mayoría. Pero de este concepto hablaremos la próxima semana.

Las opiniones expresadas por los columnistas son independientes y no reflejan necesariamente el punto de vista de BENDITO CORAJE.

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