Tren Maya: la esperanza en el sur de México para frenar el desempleo

La obra del Tren Maya se ha convertido en la esperanza de los habitantes del sur, el cual frenará el desempleo y la migración.

Tras casi medio siglo de abandono de la inversión en infraestructura ferroviaria para transporte de pasajeros en México, el Tren Maya se ha posicionado como una obra fundamental para promover el bienestar de diversos sectores sociales en el sureste del país, pues conectará Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

A pesar de las críticas de algunos actores políticos de la oposición, el 95 por ciento del trazo pasará por derechos de vía existentes. “Esto significa que gran parte de la ruta está libre de árboles y vegetación que se retiraron previamente para permitir el paso de carreteras, tendidos eléctricos y líneas de ferrocarril”, explica la página oficial del proyecto.

“En los tramos en los que el derecho de vía está por obtenerse, se buscará incorporar a los propietarios al proyecto para que reciban ingresos por su patrimonio. Y, en el caso de invasiones en el derecho de vía, se buscará un acuerdo benéfico con los grupos sociales que, por necesidad, se hayan visto obligados a asentarse irregularmente”, aclara el sitio.

Mientras hay quienes intentan asociar al proyecto con el modelo neoliberal que abrumó con desarrollos turísticos privados —la mayoría, trasnacionales— a zonas como las de Cancún, Playa del Carmen y la Riviera Maya, derivando en desigualdad social, destrucción ambiental, vulneración de la cultura e identidad maya, entre otros problemas, este nuevo tren mantiene cualidades totalmente diferentes y contrastantes, que dan señales esperanzadoras de propiciar un desarrollo justo y equitativo en una de las regiones más olvidadas del territorio nacional.

Las antropólogas Paloma Escalante Gonzalbo, Verónica Llerenas Trejo, Amayrani Jesús Ramírez Muñoz y Karla Berenice González Matú, realizaron un estudio titulado “Diagnóstico, observaciones y recomendaciones sobre el Tren Maya en Quintana Roo”, donde se revela que “la mayor parte de la gente lo ve como algo esperanzador, con expresiones como: ‘por fin alguien hace algo por nuestro estado’, ‘nuestro presidente es del pueblo, así que lo que haga será para el pueblo’, ‘sería fantástico, no se imaginan lo que es viajar en un tren, lo cómodo, lo seguro, lo barato’”.

En el documento, las especialistas mencionan el impulso al empleo que tendrá lugar no solo durante la construcción, sino también a mediano plazo, junto a la estimulación del transporte de personas y mercancías, así como el crecimiento de visitas que detonaría proyectos ecoturísticos y de turismo comunitario o similar.

Además, “en torno de las estaciones, también se podrá trabajar en venta de artesanías u otro comercio, restaurantes u hoteles. Lo que hay que cuidar es que sean los pequeños proyectos que pueden ser de las comunidades, que ellos manejen, que no signifiquen lo que hemos visto en el norte (de Quintana Roo), es decir el desplazamiento de los locales y el abuso de los recursos naturales y culturales por parte de privados ajenos”. 

Otro factor destacado por el equipo de antropólogas es que no solo emprenderán los proyectos turísticos, pues también se apoyará a la agricultura y la agroindustria.

Cabe recordar que la oficina de la ONU-Hábitat en México, por su parte, ha declarado que el Tren Maya logrará la creación de más de un millón de empleos en el sureste de la República; de éstos, la mitad serán para personas indígenas.

La instancia señaló que el proyecto desencadenará un aumento en el crecimiento económico, reducirá el número de pobres en 1.1 millones, generará una mayor urbanización que liberará suelo para otras “actividades humanas”, e incluso incrementará dos años el promedio de escolaridad.

El Tren Maya contará con 1 mil 460 kilómetros de construcción, de los cuales, el pasado 30 de abril se inició ya el primer tramo de 227 kilómetros, que irá de Palenque (Chiapas) a Escárcega (Campeche).

De esta manera, se tiene contemplado que en 2023 empezaría sus operaciones en los primeros tramos, incluso antes que el Tren México-Toluca, proyectado por Enrique Peña Nieto y que no logró concluirse a tiempo debido a corrupción, errores en el diseño y gerencia de la obra.

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