Reforma Eléctrica: Soberanía en tiempos de guerra

Reforma Eléctrica
La discusión ya ni siquiera es ideológica o partidista, es una cuestión de sentido común: o se está con el pueblo de México, o se está con Iberdrola y las mafias energéticas texanas.
Por: Carlos Portillo

El destino de México solía definirse con maletas de dinero en efectivo. Los cabilderos de las empresas transnacionales aterrizaban en el país y se hospedaban en los alrededores de Reforma, del Senado, de San Lázaro, etcétera. Iban a los restaurantes también aledaños; a los más lujosos, no a los puestos de garnachas. En esos hoteles y restaurantes, se decidía el futuro de la nación; o, mejor dicho, el señor de la maleta simplemente se los comunicaba —e instruía— a nuestros seudo servidores públicos. Ya ellos después se encargarían de hacerlo realidad.

Así se aprobaban leyes y se gestaban políticas públicas, así actuaron los cabilderos de Odebrecht, cuando vinieron a repartir maletas con millones para votar por la antirreforma energética de Peña Nieto.

Ahora, frente a la discusión y votación de la Reforma Eléctrica, es indispensable tomar en cuenta el conflicto en Ucrania y su impacto en la economía mundial pues dicha coyuntura está confirmando la necesidad, para cualquier país del globo, de proteger su soberanía energética, ya que se trata de un asunto de seguridad nacional. En este sentido, la Reforma Eléctrica, junto al rescate del sistema de refinerías, es la mejor herramienta para proteger la economía mexicana en la actualidad.

Si ya se antojaba que esta sería “La Reforma” del sexenio, ahora la guerra lo confirma. Por mencionar un ejemplo extremo, hasta el gobierno de Alemania, ante la crisis energética europea, decidió tomar control de una filial de la empresa rusa Gazprom que estaba en su territorio, con tal de salvaguardar la seguridad energética del país. Obviamente, si lo hubiera hecho un gobierno de izquierda sería visto como una medida “comunista” y estaría en todos los titulares.

De esta manera, la Reforma Eléctrica y, por ende, el futuro del sector eléctrico mexicano, no puede discutirse en un hotel de cinco estrellas, con una maleta de efectivo mediante. La discusión ya ni siquiera es ideológica o partidista, es una cuestión de sentido común: o se está con el pueblo de México, o se está con Iberdrola y las mafias energéticas texanas.

Ahora más que nunca, debemos exigirle a todos los legisladores, del partido que sean, que se comporten y asuman como lo que son: representantes populares, no cabilderos o agentes de ventas de empresas transnacionales. Si quieren hacerse millonarios, que se vayan a la iniciativa privada; la curul no es para eso.

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