La democracia en una dictadura imaginaria

Por: TitoZuritaCarpio

El siglo XX fue la época dorada para la democracia. Fue un lento despertar para muchos países que venían del letargo de la época Victoriana que dominó al mundo con la “pax britannica” en donde todo parecía próspero por el crecimiento económico y una aparente tranquilidad, un poco como la idea progreso en el panismo.

La realidad era otra. Detrás de la fachada progreso crecían las clases medias, buscando espacios políticos “frente a los absolutismos monárquicos o los sectores aristocráticos u oligárquicos”, al tiempo que la clase obrera se nutría con algo que hoy sigue aterrando a muchos: la conciencia de clase. Nos maravillamos con los palacios de esa época, pero no vemos al otro lado donde vivía la gente común en condiciones de hacinamiento, sin servicios básicos y laborando en condiciones que hoy nos parecerían inaceptables.

Se pagó muy cara la incorporación de la democracia a la vida pública. La vida de muchas personas se perdió en esta lucha, Madero y Pino Suárez son ejemplo en nuestro país; en Inglaterra Emily W. Davison fue atropellada en la pista de Epsom el 5 de junio de 1913 durante una protesta pidiendo el voto de la mujer; murió tres días después. África, Asia, América Latina fueron tierra fértil de dictaduras militares que silenciaron a quienes pidieron la participación de los ciudadanos que deciden o emiten su opinión en las urnas con el sufragio universal y secreto. Curiosamente hay personas que aún ven en las dictaduras de Franco y Pinochet ejemplos de mano firme que deben ser imitados.

El menú democrático incluye Referéndum, que es el instrumento mediante el cual la ciudadanía puede votar por leyes que quitar o cambiar. El Plebiscito que sirve para que la ciudadanía pueda votar cualquier acto administrativo de origen y alcance municipal o estatal. La iniciativa ciudadana con la cual las personas pueden plantear cambiar o quitar artículos o expedir o quitar leyes, normas o reglamentos municipales o estatales. Por último, el que ahora interesa, es la Revocación de mandato; con esta figura la ciudadanía puede “determinar la conclusión anticipada en el desempeño de la persona titular de la Presidencia de la República, a partir de la pérdida de la confianza”.

Si tomamos por serios los argumentos de la clase política opuesta a la administración del actual Presidente de México, en los cuales insisten una y otra vez que este se encuentra solo, que la gente ya no apoya su proyecto, que todo lo ha hecho mal, que el país está a la deriva (pandemia, vacunas, niños con cáncer, inflación, medio ambiente, la casa gris y demás) estaríamos ante la mejor oportunidad de darle la razón a personajes como Felipe Calderón, que hoy sabe de todo; un Claudio X y sus mensajes diarios de una apocalipsis llamada 4T o de una politóloga como Denise Dresser quien ante sus ojos tiene una dictadura imaginaria que la persigue y censura todos los días que publica y comente en todos los medios que le abren la puerta. 

Si tomáramos en serio cada uno de sus dichos durante estos tres años, apostaríamos a que no dejarían ir una opción tan valiosa como la democracia directa. Sin embargo, el panorama es todo lo contrario.

Por primera vez en México se realizará un ejercicio democrático de Revocación de mandato, que tiene el precedente de la malograda consulta para enjuiciar a expresidentes, y digo malograda porque el INE, garante de estos procesos, puso la situación más complicada que la Selección de fútbol logre un quinto partido en el mundial de la FIFA.

El discurso opositor pasó del “AMLO vete ya” que encabezó ese movimiento de fundamentalistas llamado FRENAAA; luego por alianzas de gobernadores que hoy acuden a Palacio Nacional como si no hubieran querido partir a México en dos o tres partes; siguió el triunfalismo del 2021 donde de ganar algunos ayuntamientos y quedar casi igual en el Congreso del 2018 fue motivo hacer una fiesta en la que nadie se atrevía a sonreír. 

Lo último sucedió este domingo previo a la consulta de Revocación de mandato. Varios actores políticos y líderes de opinión convocaron a una marcha en varias ciudades del país para pedir que la gente no participe en la consulta, bajo argumentos tan extraños como “evitar que las consultas populares se hagan costumbres” o impedir con esta protesta que AMLO pretenda reelegirse; además de que están defendiendo al INE y propusieron que ese dinero mejor se use en medicamentos. Si usted que lee esto no entendió, le confieso que tampoco yo y, seguramente, quienes expusieron estos argumentos, tampoco.

El fondo de todo esto quizás sea que no quieren perder una partida y mejor le apuestan a que la consulta sea un fracaso si no se logra una participación similar a la de la elección de 2018. La realidad es que al pedir que no se acuda a las urnas perdemos todos, porque se desperdicia la gran oportunidad de madurar como ciudadanos y acostumbrarnos a participar en más decisiones importantes.

Siempre será mejor incentivar la participación, nos vemos el domingo en las urnas.

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