Ganó la democracia, sigamos haciendo patria

democracia

Nadie dijo que vencer las inercias modorras era como hacer tamalitos de chipilín, sólo reflexionen que nuestra participación culturiza en esta materia a las nuevas generaciones y que hay que seguir picando piedra a fin de cambiarle el rostro al país, un rostro más humano en beneficio de su gente.

Por: Eduardo Ruiz

Aunque no esté en ninguna forma facultado para hacerlo, quiero agradecerles a todos ustedes por participar en la jornada democrática e histórica del pasado domingo primero de agosto del presente año pese a todos los obstáculos que nos puso el INE y sus mapaches electorales. Gracias, señores, por no pertenecer a esa facción de los que se quedaron en casa rascándose la panza regodeándose en su apatía mediocre, y tampoco de los que rumiaron bilis contaminando las benditas redes sociales. Gracias.

«La consulta fue un fracaso y muy costosa”: dicen los que no deberían minimizar una reserva moral de 7.5% del padrón electoral en su contra. En cuanto a lo costosa; más, pero muchísimos más recursos públicos se fueron por los caños de la corrupción prianista. Los amigos de los fraudes electorales y de los moches millonarios hoy se quejan de un ejercicio electoral legítimo. Vaya cosa.

Mostramos y tuvimos poca participación ciudadana, qué se le va a hacer. Quiero pensar que se debió al hecho de empezar a andar por el camino de la democracia directa. Por ahora, al menos, ya tenemos un parámetro de medición bastante bueno de lo que significa una reserva moral en la sociedad. Es baja, pero hay que partir de ese porcentaje hacia adelante.

No les voy a negar mi decepción por los resultados, puesto que retrasan una justicia tan postergada ya de por sí; pero no estoy desalentado, ni pierdo la fe ni la esperanza para los futuros procesos de democracia directa. Al contrario, estoy absoluta y plenamente convencido de la necesidad de adherirse a un contrato social de voluntad general para resolver infinidad de temas, es un medio para fortalecer el Estado de derecho.

En los periodos neoliberales prianistas, México era una sociedad de súbditos y de desigualdades extremas, nunca fue terreno fértil para el desarrollo de la democracia. Fueron «fallas» del sistema muy convenientes para los que hacían de los procesos electorales un asunto de intereses políticos e instituciones, y en los cuales el pueblo era excluido del mapa: democracia simulada. Tuvimos muchas décadas de retroceso con un órgano electoral oneroso y parcial a intereses de grupo. Y así hubiéramos seguido de no ser por un fenómeno político llamado Morena que, primero como movimiento y después como partido, se dio a la tarea de politizar a las masas petrificadas por las inercias idóneas a los gobiernos autoritarios y antidemocráticos.

La democracia en México sólo será funcional en la medida de su capacidad para afrontar el problema fundamental de toda política: la justicia y la rendición de cuentas.   

La democracia directa es precisamente una puerta que se abre ante nosotros para participar en procesos que obliguen a las instituciones a ejercer una justicia por tanto tiempo postergada. Por tanto, el reto que se presentó este domingo 1 de agosto para los ciudadanos «de facto» era superar la desmoralización de las fuerzas democráticas y reintentar el avance: para darle paso a una verdadera transición democrática.

Nadie dijo que vencer las inercias modorras era como hacer tamalitos de chipilín, sólo reflexionen que nuestra participación culturiza en esta materia a las nuevas generaciones y que hay que seguir picando piedra a fin de cambiarle el rostro al país, un rostro más humano en beneficio de su gente. Por eso yo seguiré pidiendo su participación siempre que sea necesario. Como reserva moral debemos respaldar las acciones de un gobierno que nos convence con hechos y no palabras y que nos costó un chingo subir al poder.

Pasada la intentona del 1 de agosto, nos toca concentrarnos rumbo a la revocación de mandato porque esto no se acaba. Los quiero fuertes, combativos, bien listos y empoderados. Tengan siempre presente la máxima de que: “no se puede vencer a quien no sabe rendirse”.

¿Te gustó el artículo?
Compártelo
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

3 respuestas

  1. Extraordinario comentario. Todo lo que vale la pena cuesta trabajo. Aprenderemos como pueblo a estar más atentos para evitar quejarnos después de lo que salio mal. Tenemos que seguir participando.

  2. Buena reflexion. 7% de padron no es poca cosa dadas las circunstancias adversas. Sumemos los que no pudieron y alcanzaremos un 12% o más. El resto lo domina la apatía, desilucion o no tiene memoria ni ganas de ser libre. Estan en su derecho.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *