El gran comunicador, en la 4T no hay censura para nadie

Por: Javier Cravioto

Si tú no comunicas, otros lo harán por ti.

En estos tres años ha florecido una novedosa forma de comunicación entre el gobernante y los ciudadanos, a través de eventos en los que el presidente narra historias, explica cómo el país llegó a la situación actual, alecciona sobre hechos históricos, declama poesía, se ríe y mofa de personas y situaciones de supuesta superioridad; ha logrado que, en esa construcción de narrativa, se establezca un relato político distinto, más cercano a la gente y alejado de la intelectualización a la que nos había acostumbrado la clase política.

El discurso elaborado, barroco, de frases hechas y “clichés” que no decía nada dio paso a un modelo que emociona, transmite valores y reconstruye una identidad injuriada en las últimas décadas. Uno de los aciertos del modelo de comunicación de la 4T es haber mantenido la costumbre que el presidente López Obrador estableció cuando fue jefe de gobierno de la Ciudad de México, la de llevar a cabo diariamente una conferencia “mañanera” a las que se puede presentar cualquier periodista que se registre e identifique como tal y otros que sin serlo sean designados por medios de comunicación; al día de hoy, en lo que va de los 3 años de gobierno se han realizado más de 700 diálogos de esta forma.  Esa manera de comunicar directamente se ha replicado a muchas otras áreas de gobierno.

Este proceder en la comunicación ha permitido que sea el presidente quien se adelante a los temas vigentes en la sociedad, que informe del avance de proyectos y políticas, que explique temas coyunturales y, lo más importante de todo, que contrarreste información tramposa y falsa que se presenta en los medios informativos tradicionales.

Un desprestigiado grupo de voceros de partidos políticos, medios de comunicación, élites empresariales e intelectuales, insisten en descalificar y ofender al gobierno actual, particularmente al presidente López Obrador pero también a su familia (incluyendo su hijo menor de edad), a miembros del gabinete y a legisladores afines al proyecto 4T.

Se han embarcado en un cotidiano discurso de rencor y odio que se repite en los medios de comunicación que controlan y las redes sociales en las que invierten ingentes cantidades de dinero para repetir su mensaje. Pueden hacerlo porque no se censura ninguna voz, ni siquiera la de la calumnia; nunca se había ofendido y agredido tanto a un presidente como se hace hoy, parece que es un reto que busca se les calle o persiga para salir a gritar: «nos censura el dictador», y no, no se coarta a nadie, se queda en eso, en gritería.

¿No se cansan de replicar su resentimiento? No. ¿Cómo neutralizar la desinformación que generan? Informando por los medios al alcance del poder público, no hay de otra.

Me parece que el modelo de comunicación actual es un mecanismo muy atinado porque este gobierno no cuenta con el espacio en medios de comunicación que no deforme o malinterprete los hechos y trabajos de gobierno. Hay que recordar que hasta que inició este sexenio, muchos periodistas y la mayoría de medios de comunicación vendían sus espacios para que el gobierno en turno se explayará en lo que quisiera, las entrevistas y noticieros eran eventos “a modo” para agraciar y beneficiar al funcionario que pagara por el espacio.

Solo dos ejemplos: 1.- En su sexenio, Enrique Peña Nieto le entregó sesenta y un mil millones de pesos a la prensa. 2.- Los más reconocibles y afamados (sic) periodistas e intelectuales como López Doriga, Beteta, Micha, Riva Palacio, Alemán; Hiriart, Ruiz Healy, Krauze, se embolsaron más de mil millones de pesos en ese mismo sexenio.

Los teóricos de la comunicación tienen un gran trabajo que hacer para explicar cómo lo que parecía un dique que frenaría la interlocución entre gobierno y ciudadanos dio paso a un original mecanismo que acercó a unos y otros como nunca antes había sucedido. Hay una especie de inmunidad de rebaño por parte de la sociedad frente a los medios tradicionales/conservadores que perdieron toda credibilidad.

La consecuencia de que se haya dejado de pagar la cuota de esas plumas para que hablaran bien del gobierno es que se han dedicado a denigrar y desinformar los logros y políticas de la 4T; y ante ello, el gobierno actual tuvo que actuar y establecer su propia narrativa para informar y explicara su gestión.

Un claro ejemplo del ejercicio de comunicación es el relacionado con el Covid; desde la estructura de la secretaría de salud y por medio del responsable a cargo del tema, el Dr. López Gatell se presentó diariamente para informar sobre los datos relevantes y se publicaron día a día parámetros de métricas con información fundamental. En la búsqueda y obtención de vacunas se informó permanentemente, en este caso por el canciller Ebrard, del resultado de esa gestión y se informó de la cantidad que iba llegando al país y el plan correspondiente.

Con estos dos ejercicios, que sirven solo de ejemplo, no solo se mantuvo informada a la ciudadanía sino que se ayudó a contrarrestar información falsa que, a contentillo de interesados en sembrar dudas o francamente sabotear el proyecto establecido para atender la pandemia, algunos medios y redes sociales se prestaron a confundir y mentir y se atrevieron, incluso en medio de una crisis de salud, a contratar “científicos” hechizos –el caso de una dentista de apellido Ximénez es palmario porque hasta un libro le publicaron- para intentar desviar la línea narrativa sobre el manejo pandémico.

Y entonces, lo que inició como una obligada forma de informar y comunicar sobre los asuntos de gobierno, dado que el proceso natural de que la prensa lo hiciera como actividad propia no iba a suceder, se acabó por convertir en el mecanismo idóneo que ha permitido que las políticas y programas públicos sean conocidos por la mayoría de los ciudadanos. No se ha valorado, tal vez, que parte de la gran aceptación que en todas las encuestas mantiene el presidente López Obrador, tiene que ver con el modelo de comunicación seguido y con una absoluta libertad de expresión, este es un gobierno en donde no hay censura para nadie. 

Que la población pueda escucharlo diariamente y que se le vea como alguien cercano por su forma de hablar, humano por sus propias contradicciones y preocupado por resolver problemas concretos que le afectan es algo novedoso en la política mexicana que da como resultado una mayor asimilación entre políticas públicas y necesidades sociales concretas.

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