Tren Maya: combate a la pobreza y nuevo modelo de desarrollo de la 4T

El Tren Maya no es ni más ni menos que una alternativa keynesiana para detonar empleo, evitando que la única alternativa sea migrar a Estados Unidos como espalda mojada.

Katu Arkonada

Escribo estas líneas desde el municipio de Calakmul, entre Chetumal y Escárcega, sobre la carretera que atraviesa la Península de Yucatán. Esta región es el punto más sensible por donde va a pasar el Tren Maya, debido a su alto valor ecológico y arqueológico, y también una zona históricamente olvidada por el Estado, con decenas de comunidades, muchas de ellas construidas a partir de la migración interna desde otros estados como Chiapas, que viven en situación de extrema pobreza.

Escribo preocupado por el desconocimiento que desde las grandes ciudades, desde las clases medias urbanas, y desde la academia, existe en torno a la realidad social y económica de zonas históricamente marginadas, pero también escribo indignado de la manipulación que se hace en torno a este tema, tras constatar el nivel de entusiasmo que hay en las 84 comunidades y ejidos que conforman Calakmul con el proyecto del Tren Maya, con la figura de Andrés Manuel López Obrador (en el Ejido Kilómetro 120, por ejemplo, una de sus calles se llama AMLO) y con la Cuarta Transformación en general.

No es casualidad que la única persona en México que ha recorrido todos y cada uno de los municipios del país, originario además del sureste, ponga especial atención a una región con porcentajes de pobreza y desigualdad por encima de la media del país (57%, que en Calakmul se eleva hasta el 85%). López Obrador sabe que la división internacional del trabajo y las cadenas de valor de las que México forma parte vía TMEC limitan las posibilidades de desarrollo económico, y con el objetivo de no repetir el modelo Cancún, propuso en su proyecto de nación y en el programa electoral de Morena el Tren Maya como una alternativa de desarrollo para el sureste. 

El Tren Maya no es ni más ni menos que una alternativa keynesiana para detonar empleo, evitando que la única alternativa sea migrar a Estados Unidos como espalda mojada; impulsar el crecimiento económico alrededor de las estaciones y apeaderos (los famosos polos de desarrollo que está diseñando Fonatur); y vertebrar territorialmente una península donde todo gira alrededor de Cancún y el monopolio de ADO es asfixiante para los sectores populares y la economía local.

Pero además, y esto ya es un hecho positivo en sí, el proyecto del Tren Maya ha permitido el retorno del Estado alrededor de los 1.500 kilómetros de trazado, el 95% de los cuales ya cuentan con derecho de vía federal sea por la carretera o por la línea de CFE. Un ejemplo: en Calakmul ha habido un problema histórico de falta de agua, sin embargo ningún titular de Conagua se había aparecido por la zona. Desde que comenzó el proceso de consulta, la Directora de Conagua viajó al menos cinco veces a Calakmul a escuchar las demandas de la población en torno a este bien común. También es de destacar el programa Sembrando Vida, que literalmente ha salvado las vidas de miles de familias durante esta pandemia, al recibir 5.000 pesos al mes que les han permitido concentrarse en actividades productivas.

Este proceso de diálogo permanente, de consulta continua (este 28 y 29 de noviembre se han producido asambleas de seguimiento a los acuerdos de la consulta) permite ir diseñando un proyecto en diálogo con las comunidades, entendiendo la naturaleza, la Madre Tierra, la flora y la fauna, pero también las comunidades que la habitan y sus necesidades productivas. Por ejemplo, tuve la oportunidad de visitar el Ejido Valentín Gómez Farías, por donde va a pasar el Tren Maya, y constatar su compromiso con el proyecto al mismo tiempo que con la conservación de la reserva, construyendo una reserva forestal comunitaria en la zona de influencia de la Reserva de Calakmul.

Sin embargo, a 2 años de gobierno de López Obrador y mientras va tomando forma el proyecto del Tren Maya en beneficio de los históricamente olvidados por el Estado, se intensifican las críticas desde algunos sectores anti 4T. Se habla de que es un proyecto neoliberal cuando los principales beneficiados del mismo van a ser las clases populares; se habla de un tren del despojo cuando despojo, social y económico, sufren los pequeños productores de miel de Calakmul sin capacidad de comercializar su miel teniendo que vendérsela a un coyote que llega y revende diez veces más caro en Mérida o Cancún; se habla de que se va a destrozar la selva cuando el tren no va a pasar por la reserva natural (ni cerca de la zona arqueológica); se habla de impacto ambiental cuando el impacto lo genera una carretera llena de tráileres que emiten 104.5 toneladas de CO2 por millón de toneladas/ km transportadas frente a las 39.2 toneladas de un tren.

Quedan 4 años más de sexenio y sin duda necesitamos hacer un ejercicio de observación crítica desde la ciudadanía. Nadie quiere repetir el modelo Cancún, pero al mismo tiempo es urgente generar oportunidades de desarrollo para el sureste, es urgente pensar en bienestar, siempre en armonía y equilibrio con la Madre Tierra, pero lejos de cualquier mirada neocolonial similar al buen salvaje de Rousseau, miradas que casualmente no se generan desde las zonas por donde pasa el trazado del Tren Maya.

El Tren Maya debe ser el motor de la 4T que construya un nuevo paradigma de justicia social y ambiental. Un nuevo paradigma de desarrollo para el bienestar.

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